jueves, abril 28, 2011

En ninguna parte

hola a todos:

En estas extrañas horas, no puedo evitar trasmitir mi paz momentánea, mi energía positiva y mi sensación de bienestar desde el lugar en el que me encuentro.

Y es que, a veces pasa. A veces, cuando menos te lo esperas, te encuentras con los nervios a flor de piel por haber disfrutado de un día estupendo y de estar viviendo minutos maravillosos. Hoy ha sido y sigue siendo así.

Estoy en Extremadura, en una casa rural romana en medio de ninguna parte, aparentemente, a 15 km de Mérida y ahora mismo, lo único que escucho es el teclear de mis dedos.

Me siento toda una escritora plasmando sensaciones en un diario, algo así es esto, no? Pero es especial, porque estoy viviendo la idealización de la inspiración de la noche, el silencio, la oscuridad, la pequeñez...

Y es que, estoy sentada en el porche de la casa romana, sin luces más allá que las de un pueblo que se divisa en el horizone y las que alumbran el ordenador y un silencio...tranquilizador, especial, que revive y aviva, inspira, emociona y transforma. Transforma mi actitud, mis ganas de hacer, de seguir, de no permitir que se escape el día, de alargar los minutos que quedan hasta las doce, de no respirar para seguir No escuchando el silencio.

Es en estos momentos, cuando las imágenes, emociones, creaciones se amontonan en una parte del cerebro de donde muchas de ellas ni salen, pero te remueven, te recuerdan que no sólo de trabajo y obligaciones viven las personas, que son los pequeños detalles los que cuentan y afectan, son las pequeñas emociones las que permanecen y pinchan, las que se qeudan en la patata y pican en el corazón.

Ahora, desde aquí, en ninguna parte, es cuando me acuerdo de mi gente, de esos locos bajitos y los altos también que van apareciendo en todas aquellas partes donde he estado y las que me encontraré.

besines mil